Adiós a Orestes Miñoso, leyenda del béisbol moderno

Fuente: Café Fuerte

Por Wilfredo Cancio Isla

1 de Marzo de 2015

El béisbol y Cuba están de luto. Saturnino Orestes Armas Miñoso Arrieta, el gran Minnie Miñoso, falleció este domingo en Chicago dejando un legado de hidalguía deportiva, amor por el béisbol y generosidad para todos los tiempos.

Miñoso fue hallado inconsciente por la policía cerca de una estación de gasolina en la madrugada de este domingo y declarado muerto a la 1:09 a.m. por la Oficina Forense del condado Cook. Al parecer la causa de la muerte fue un infarto.

Con la muerte de Miñoso se va una leyenda y un mito del béisbol moderno, un patriarca de la caballerosidad dentro y fuera de los terrenos, y un incansable embajador del deporte que le dio fama y reconocimiento como uno de los peloteros cubanos y latinoamericanos más espectaculares del siglo XX. Un hombre de paz, decencia y lealtad que pertenecía definitivamente a un pasado glorioso e irrepetible.

“Orestes Miñoso fue un hombre digno, inteligente, satisfecho consigo mismo y con lo que la vida le ofreció, que no fue poco, aunque no todo fue color de rosa. No se quejó, que yo sepa, de las humillaciones que tiene que haber sufrido en este país por su raza, ni parece haberle dado mucha importancia a la injusticia de no haber sido electo al Salón de la Fama de Cooperstown”, comentó Roberto González Echevarría, profesor de la Universidad de Yale y autor de The Pride of Havana: a History of Cuban Beisbol (1999).

En los cañaverales de Perico

Nacido en Perico, Matanzas, la edad de Miñoso ha estado en disputa, incluso a partir de sus propias indefiniciones a lo largo de los años. Todo apunta a que nació el 29 de noviembre de 1923, aunque otros reportes mencionan a 1922 y hasta 1925. De cualquier forma y por sus propias palabras, ya era un hombre que pasaba los 90 años.

“Qusisiera volver a pasear por los cañaverales de Perico, oler la tierra y el aire que me acompañaban cuando niño,,, Ojalá pueda ser pronto”, me dijo en una de mis últimas conversaciones el pasado diciembre.

Criado en el seno de una familia dedicada al trabajo de los cortes de caña y la producción azucarera, fue el quinto hijo de Cecilia Armas. El niño fue inscrito con el apellido del padre, Carlos Arrieta, pero creció junto a cuatro hermanos de un anterior matrimonio de su madre e incorporó irremediablemente el Miñoso, que sería después sello de identificación en su trayectoria beisbolera. Cuando adoptó la ciudadanía estadounidense su certificado de naturalización fue emitido como Orestes Miñoso.

Debutó con el equipo de los Tigres de Marianao en la temporada de 1945-46 en la Liga Profesional de Cuba y se agenció el título de Novato del Año. Con Marianao jugó 14 temporadas consecutivas y ganó dos títulos de Jugador Más Valioso (1952-53 y 1956-57) a la vez que comenzaba a tejer su leyenda en Estados Unidos.

Miñoso fue el primer jugador negro cubano y latinoamericano en actuar en Grandes Ligas y el primero en aparecer en un Juego de Estrellas, lo que le mereció el calificativo de “Jackie Robinson cubano”.

“El es el Gran Jackie Robinson, el Número Uno, pero puedo admirarlo con más fuerza porque nosotros pasamos por lo mismo”, acostumbraba a decir cuando se le hablaba sobre su entrada en las Mayores dos años después que Robinson lograra romper la barrera racial en 1947.

Mr. White Sox

Miñoso vino por primera vez a Estados Unidos en 1945 como miembro de los New York Cubans y jugó tres temporadas en las Ligas Negras antes de que los Indios de Cleveland le extendieran un contrato de Grandes Ligas.

Con los Indios debutaría en 1949 y dos años después los Medias Blancas de Chicago lo incorporaron a su franquicia. Pronto la inversión dejaría frutos provechosos, pues Miñoso. La primera etapa con el equipo de Chicago (1951-1957) fueron sus años de esplendor, pues tuvo cuatro nominaciones para Jugador Más Valioso de la Liga Americana, y obtuvo un campeonato de bateo, dos Guantes de Oro, y se convirtió en el primer jugador de los Medias Blancas en conectar los 100 jonrones.

En las estadísticas aparece como el noveno con más pelotazos (deadball) recibidos en la historia de Grandes Ligas, con 192.

De las 17 temporadas que jugó en Grandes Ligas, 12 fueron con los Medias Blancas, el equipo que lo designaría hasta hoy como el Mister White Sox y retiraría el popular número 9 en su honor en 1983. Con el uniforme de Chicago se despediría oficialmente en 1980, imponiendo un récord difícil de superar: Miñoso es el único jugador en haber participado como jugador en cinco décadas distintas.

En el 2004, una estatua suya fue develada en el US Celular Field de Chicago, la ciudad donde triunfó, hizo familia y residió la mayor parte de su vida.

Pero inexplicablemente Miñoso no figuró en vida en el Salón de la Fama de Cooperstown. El pasado 8 de diciembre, los 16 miembros del Comité de Veteranos rechazaron otra vez al cubano entre 10 candidatos propuestos.

“Yo respeto cualquier decisión, he respetado siempre y no soy una persona de enojarse ni nada de eso… Esperaré la decisión con paciencia, pero me gustaría llegar al Salón de la Fama antes de que el Señor me necesite y me lleve con él. Me gustaría disfrutarlo en vida con mis fanáticos. Creo que yo debo estar allí”, me comentó Miñoso horas antes de conocerse el desfavorable veredicto.

En cuanto a la elección al Salón de la Fama, González Echevarría recuerda un pasaje exquisito que habla de la personalidad de Miñoso. “Supe que dijo que sus partidarios lo querían promover como afroamericano, pero respondió que ‘¿quién quiere ser africano?, yo soy un negro de Matanzas”.

“Desde que tengo uso de razón Miñoso existía, ahora lo voy a extrañar”, confesó el profesor.

Los nietos cubanos

Miñoso ejerció también el magisterio con los jugadores cubanos recién llegados a Grandes Ligas, a quienes consideraba sus nietos. Cuatro cubanos están actualmente en el róster de los Medias Blancas: José Dariel Abreu, Alexei Ramírez, Adrián Nieto y Onelki García; Dayan Viciedo formó parte del equipo hasta febrero, cuando fue canjeado a los Azulejos de Toronto.

El pasado diciembre, Miñoso fue incluido en el refundado Salón de la Fama del Béisbol Cubano, inaugurado en 1939 y clausurado en 1961 en medio de la impertinencia de Fidel Castro contra el deporte profesional. La ceremonia de exaltación se produjo en Bayamo, coincidiendo con el 140 aniversario del primer juego de béisbol efectuado en Cuba.

El reconocimiento de última hora en Cuba, sin embargo, no borra los largos anos de silencio, censura y ninguneo oficial de una gloria del béisbol mundial. Miñoso abandonó su país natal en 1961 en medio de las disputas con el gobierno cubano por la eliminación de la Liga Profesional y nunca más pudo regresar a su patria.

No obstante, la noticia lo llenó de regocijo. “Estoy contento con esa noticia y le doy las gracias a todas las personas que votaron por poner mi nombre junto a esas ilustres estrellas. Me hace sentir muy satisfecho que me recuerden y puedo decirles que yo siempre seguiré siendo el mismo. Yo solo tengo agradecimiento y respeto, y le doy gracias a Cuba y a todos los cubanos por tener esa deferencia conmigo”, manifestó en la entrevista con CaféFuerte.

Miñoso estaba dispuesto a ir a Cuba a la ceremonia del 27 de diciembre en Bayamo, pero su médico personal no autorizó el viaje, debido a sus problemas cardíacos.

Un regalo de fin de año

Justamente, el tema de la votación en Cooperstown y la entrada al rescatado Salón del Béisbol de La Habana me llevaron a contactarle en varias ocasiones durante el pasado año. Termino esta evocación del Gran Miñoso con una nota personal de mi última conversación con él y que constituyó un verdadero regalo de vida, recordando su impacto sobre el origullo cubano en los años 50.

Le comenté a Miñoso cómo la primera vez que oí hablar de él en mi niñez por vía de los recuerdos de mi madre, evocando su visita familiar al Chicago de 1954 y 1955. “De las palabras que podía entender en la radio y en la televisión en casa de tu tío fue Minnie Miñoso, que estaba en boca de toda la ciudad… Cuendo decías que eras cubano también todo el mundo te decía, ¡Minnie Miñoso! y levantaba el puño con alegría y orgullo”, me contó ella en repetidas ocasiones.

Desde entonces su nombre estuvo asociado a las vacaciones felices de mi madre y mis abuelos en Chicago, a pesar del silencio y el olvido con que fue tratado en la Cuba posterior a mi nacimiento. Así fue que comencé a interesarme por un hombre cubano que marcó los recuerdos de mis seres queridos antes de mi existencia y mi pasión por el béisbol.

Le relaté la anécdota a Miñoso en una charla que se extendió por casi una hora, a fines de diciembre, y me agradeció profundamente compartirla. Su generosidad lo llevó a evocar a su familia y su infancia en el Perico remoto de su memoria. Quedamos en vernos en su próxima visita a Miami para hablar de pelota y de Cuba. Ya no podrá ser, pero conservaré por siempre esa deferencia exquisita de nuestro Gran Caballero del Béisbol y de las causas buenas.

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