Béisbol cubano, más allá de Veracruz

Fuente: Cuba Contemporánea

Por Favio Guerra

8 de Diciembre de 2014

El béisbol cubano hizo los deberes en la ciudad mexicana de Veracruz. Allí, sin apenas sobresaltos, reconquistó el trono de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, cedido cuatro años antes por la ausencia a la cita celebrada en la boricua Mayagüez.

Consciente de que el planeado triunfo como nación en el certamen regional no “pesaría” igual sin la corona beisbolera, Cuba armó un equipo de alto vuelo, que si bien incluyó a jóvenes figuras en franco ascenso mantuvo en el eje de la formación titular a jugadores como Yulieski Gourriel, Frederich Cepeda y Alfredo Despaigne, sin dudas las estrellas más notables en la actualidad.

En sentido general, la afición cubana se mostró satisfecha con la actuación del equipo, pero la mayoría está convencida de que el trofeo no compensa los sinsabores vividos en los últimos años. En definitiva, el torneo no fue de máximo rigor, pues ninguno de los países concursantes pudo –por diversos motivos- contar con sus mejores peloteros para pelear por el cetro del certamen, por demás programado fuera de su fecha habitual.

La realidad demostró que, más allá de la presencia de contados peloteros que alguna vez jugaron al más alto nivel, los obstáculos encontrados por las direcciones de República Dominicana, Venezuela y México, por citar solo tres países en los que se jugaban entonces las respectivas liga invernales, les impidieron armar novenas competitivas y mejor preparadas.

Sin embargo, a nivel de psiquis colectiva, el triunfo fue un bálsamo para una nación beisbolera hasta la médula, que atraviesa una sequía de títulos nunca antes vista. De momento, el éxito sirvió para atenuar las críticas contra la actual dirección, porque cualquier otro resultado hubiese significado una verdadera catástrofe y hecho casi insostenible la continuidad de la misma.

Además, el trono centrocaribeño representó momentáneamente una cortina de humo frente a los cada vez más constantes cuestionamientos a la calidad de la Serie Nacional de la pelota cubana, que justo después de casi un mes de inactividad ha retomado sus acciones con la recta final de su fase clasificatoria.

Interés vs. Calidad

Si algún mérito no se le puede negar a la actual estructura de la temporada cubana de béisbol es el hecho de mantener la tensión a lo largo de todo el recorrido. Eso, unido a la inherente tensión de los Play Off, ha hecho que cada uno de los tramos se juegue con intensidad y asegura las emociones hasta la entrega misma del trofeo.

Por ejemplo, al calendario del presente segmento clasificatorio le restan apenas nueve desafíos, y solo las aspiraciones de los equipos de Mayabeque, Camagüey y Cienfuegos parecen sentenciadas. Eso quiere decir que otros 13 elencos conservan –unos con más holgura que otros- posibilidades de cruzar la frontera hacia la segunda etapa y son enormes las expectativas para conocer los ocho equipos que finalmente aspirarán al trono del béisbol cubano.

Ahora, eso no quiere decir que el torneo haya gozado de una notable calidad, aun cuando índices como el de bateo y de pitcheo se mantengan más o menos cercanos a los estándares de otras ligas de prestigio. Más bien, eso denota un cierto equilibrio en estos aspectos, aunque otros como la defensa, la especialización del pitcheo o el pensamiento técnico-táctico, tanto de lanzadores como de jugadores de posición, siga lejos de lo deseado.

Y no puede ser de otra manera cuando se analizan las diferentes variables que lastran al béisbol cubano –afectaciones económicas, deficiente trabajo de base, entre otras-, y porque es imposible mantener una calidad superior cuando los mejores exponentes, e incluso las figuras emergentes, han intentado y muchas veces logrado continuar sus carreras fuera del país.

Trono en el horizonte

Por lo visto hasta ahora, todo parece indicar que Industriales y Matanzas tendrían asegurado un puesto entre los ocho candidatos al trofeo. Uno es el equipo más querido y a la vez odiado de la pelota cubana, además del más ganador hasta el momento. El otro ha sido el más estable durante las últimas cuatro campañas bajo el mando del polémico Víctor Mesa. Y en esta ocasión, cuando las bajas de notables miembros de su róster hicieron pensar en lo peor, los yumurinos se han mantenido contra viento y marea en la cima de la tabla de posiciones.

También muy cerca de la clasificación andan los Tigres avileños, al parecer recuperados de la pálida actuación de hace un año, y reconfortan los desempeños de Artemisa y Granma, elencos que han dado batalla y colorido a este primer segmento del torneo.

Bien le vendría a la serie el avance de novenas como las de Villa Clara y Santiago de Cuba, históricas por su habitual calidad, porque en ellas se concentran rivalidades que pondrían un poco de picante a los finales del campeonato. Mas los villaclareños han desarrollado un paso muy inestable y los indómitos luchan, juego a juego, para que su nueva hornada de peloteros siga construyendo el camino de retorno a la élite.

En el caso de Pinar del Río, vigente monarca de la pelota cubana, el asunto es digno de estudio. La tropa dirigida por Alfonso Urquiola no logra enderezar el rumbo, y en lo adelante tendría que hilar muy fino para garantizar la defensa de la corona.

Su errante trayectoria ha sido típica de los equipos que, luego de coronarse, han sufrido al año siguiente para sobrevivir al primer corte. De no lograrlo, sería la representación vueltabajera que “abdica” sin luchar sobre el diamante.

Resulta más lamentable la situación toda vez que se trata del equipo que debe representar a Cuba en la venidera Serie del Caribe pactada para dentro de dos meses, aunque ya las máximas autoridades del béisbol cubano han anunciado que la nómina pativerde sería reforzada notablemente para la ocasión.

Igual de interesante será apreciar hasta dónde pueden llegar los sueños de un equipo ahora bastante diezmado como Sancti Spíritus, o de otros con menos “pedigrí” como Isla de la Juventud, Las Tunas, Holguín o Guantánamo, cuyo mérito mayor ha sido, hasta el momento, llegar con posibilidades reales hasta estas instancias del torneo.

La otra historia

No es un secreto que, ya definidos los ocho equipos que pugnarán por el cetro, la Serie Nacional comienza a tomar otro tono. Y no son pocos los que piensan que el destino del torneo quedará condicionado por la selección de los llamados refuerzos.

Esta vez, de un plumazo, la Dirección Nacional de Béisbol (DNB) decidió incrementar, de cinco a siete, la cantidad de jugadores que cada equipo clasificado a la segunda fase puede seleccionar de los otros ocho elencos eliminados.

La medida parece encaminada a disminuir la cantidad de peloteros que solo verán acción durante los 45 juegos de la primera fase. Ahora serían 56 en vez de 40 los jugadores “asumidos” por los elencos sobrevivientes.

También contribuiría a la aspiración de elevar la calidad de los elencos que se mantengan en competencia, pero a la vez se corre el riesgo de desnaturalizar a los equipos, pues –en teoría, claro está- existiría la posibilidad de renovar casi el 80% de la alineación titular de cada uno de ellos.

Como quiera que sea, cada mánager ya debe estar estudiando sus posibilidades, de acuerdo a la posición que ocupe su equipo en la tabla –determina el orden de las dos primeras rondas de selecciones- y de la suerte que corra en la “rifa” para las otras cinco vueltas.

Sin duda alguna, dadas las actuales circunstancias y su importancia para garantizar el éxito, serán los lanzadores las piezas más cotizadas. Resultaría cuando menos interesante ver las estrategias si en definitiva Pinar del Río queda fuera del reparto, pues Julio Alfredo Martínez, Yosvani Torres, Vladimir Gutiérrez y Vladimir Baños, entre otros, conforman uno de los staffs más completos del torneo.

De momento, todo parece indicar que sería esta vez el estelar camagüeyano Norge Luis Ruiz la joya más preciada, aunque de esa misma nómina pudieran surgir otras piezas “apetecibles” como el también lanzador Vicyohandri Odelín o el jardinero William Luis. Lamentablemente, en los últimos días causó baja de la nómina agramontina el torpedero Alexander Ayala, que hace un año contribuyó mucho al buen papel de Artemisa en la segunda parte del calendario.

De las filas de Mayabeque pudieran despertar interés el jardinero Denis Laza o el serpentinero José Norbelis Betancourt, mientras que la marcada juventud de la mayoría de los jugadores cienfuegueros sería un hándicap para su incorporación a alguno de los equipos clasificados.

El resto de las posibles incorporaciones está sumido en el suspenso, pues depende de los equipos que superen el primer corte. Entonces no queda más que esperar y conformarse pues, a falta de elevada calidad, nos quedará el misterio.

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