Cuando caen las estrellas

Fuente: Glorias del béisbol cubano

Por Carlos González

23 de Septiembre de 2015

Exhorto a los lectores a que enriquezcan este artículo, mediante sus comentarios, con historias que no aparezcan aquí de injusticias cometidas a nuestros peloteros durante sus trayectorias deportivas, pues el presente escrito versa sobre esa temática tan silenciada en los medios nacionales y en ocasiones hasta por los mismos jugadores.

Una vez le preguntaron a Urbano González si había sufrido alguna injusticia en su carrera como pelotero, a lo que él respondió que: ninguna, sinceramente. Puede sentirse privilegiado, hasta bendecido, uno de los hombres con más tacto en nuestro béisbol. Un béisbol pletórico de gestas memorables, récords trascendentales y preñados de historias sugestivas, al igual que de estrellas lustrosas que nunca se olvidan.

Precisamente muchísimas de esas colosales figuras devenidas en luminarias de nuestro espectáculo deportivo insignia, sufrieron en carne propia arbitrariedades que bien pueden traducirse en rigurosas y absurdas sanciones, exclusiones infundadas y no convocatorias a los equipos nacionales, un abrumador olvido por parte de directivos, y un largo etcétera que demuestra que las estrellas también caen, se apagan, y a veces de una manera tan fácil, tapándolas solo con un dedo.

Eduardo Paret

Eduardo Paret tiene sitio en el béisbol cubano como uno de los principales estafadores de bases y mejores torpederos, tanto al guante como a la ofensiva.

El villaclareño, no obstante, cargó sobre sus hombros una indefinida separación del deporte activo, cuando en julio de 1997 fuera acusado de una hipotética conversación telefónica con su excompañero de equipo, el lanzador Luis Rolando Arrojo, quien abandonó la selección nacional en 1996 durante un torneo en Albany, Estados Unidos.

Luego de un año de esa medida, Paret se incorporó nuevamente, acumulando numerosos conjuntos patrios.

Pedro José Rodríguez

Lo ocurrido a Pedro José Rodríguez, el temible slugger cienfueguero que descosió 286 pelotas más allá de las cercas, trasciende como uno de los casos más sonados de la pelota revolucionaria.

La III Copa José Antonio Huelga se desarrollaba en Cuba en julio de 1985 y el antesalista venezolano le obsequió a Cheíto 92 dólares, los que compartió con su amigo, el receptor Alberto Martínez, a quien le ocupan el dinero. Valga decir que en ese momento la tenencia de divisa estaba penalizada en Cuba, por lo que a ambos los excluyen del béisbol de manera indeterminada.

Inexplicablemente, Martínez jugó en la Serie Selectiva de la temporada siguiente, pero el fornido tercera base sureño no corrió igual suerte, y estuvo tres años y medio a la sombra de sus grandes batazos. Por supuesto, su retorno fue lánguido y el Señor Jonrón -como lo apodara el inolvidable Bobby Salamanca- pronto vio en el retiro su válvula de escape.

Pedro Luis Rodríguez

Una gira por Italia sería sinónimo de desgracia para el recio toletero de Los Palos, municipio Nueva Paz, Pedro Luis Rodríguez.

“Lo que pasó fue que llevé unos guantes y un abrigo, los vendí y como eso no se podía hacer me suspendieron 1 año y doblemente, pues tenía que trabajar en la fábrica de gomas Nelson Fernández todas las mañanas y luego entrenar en horas de la tarde y con un chequeo constante”, afirmó en una entrevista Rodríguez, a quien además se le imposibilitó de continuar jugando en la pelota cubana, cuando el Comisionado Nacional de aquella época años 90- Domingo Zabala le dijo un no rotundo a sus aspiraciones, sobre todo, amparado en el argumento de que Pedro Luis (y otros tantos) estaba viejo.

Rey Vicente Anglada

Uno de los jugadores más explosivos, con ambiente y que arrastraba multitudes a los diferentes terrenos de Cuba fue Rey Vicente Anglada.

Lamentablemente, el Rey León (apelativo merecido a la dinastía creada con los tres campeonatos nacionales que ganó desde el trono de los Industriales) se vio envuelto en un capítulo misterioso hasta nuestros días, que no solo lo distanció de su querido béisbol caliente, también lo privó de la compañía familiar.

Cumplió la pena de dos años y ocho meses de prisión, por el supuesto delito de vender partidos en 1982. En total fueron 17 jugadores involucrados en lo que constituye el mayor escándalo del deporte de bolas y strikes en la Isla, en su fase amateurs. Eso implicó una daga en el pecho para el ídolo de muchos y todos sus seguidores. El paso del tiempo arrojó destellos de una posible inocencia para él, pero ya el mal estaba conjurado: más nunca las electrizantes manos de Rey Anglada serían puestas en acción -al menos de manera oficial-.

Armando Capiró

Las lesiones persiguieron a una figura emblemática de nuestro pasatiempo nacional, el jardinero natural de Santiago de las Vegas Armando Capiró. Debido a una dolencia en su rodilla derecha, decidió no participar en un tope contra Puerto Rico a principios de la década de 1980.

El presidente del Poder Popular en la provincia en ese período, Fernández Mell, consideró que la determinación de Capiró fue resultado de una indisciplina, a lo que siguió un distanciamiento indefinido del béisbol.

“Años después quise regresar a las Nacionales y Manuel Morales nuevo Comisionado Nacional- no me lo permitió diciéndome que era veterano, que ya no era el mismo (…) Así, a pesar de rendir mucho en la provincial 1988-1989, con 14 jonrones, se efectuó mi retiro oficial”, comenta en una entrevista realizada hace varios años.

Carlos Yanes

A Carlos Alberto Yanes Artiles, ese incombustible lanzador con récords de Series Nacionales participadas y con más de 230 victorias, nunca le llovieron los equipos Cuba. Opina que su mejor contienda fue la de 1998-99, cuando la Isla de la Juventud rompe pronósticos, se cuela por vez primera en los play-offs, y él triunfa en 20 encuentros con una respetable efectividad de 3.02.

“No obstante esa labor, no me tuvieron en cuenta para el equipo nacional, y eso que ese año hubo varios eventos (…) Eso desmotiva bastante, es muy duro entrenar con ahínco, entregarse en cuerpo y alma, renunciar a casi todo con tal de tener un buen rendimiento y en definitiva no poder representar al país que es el sueño de todo pelotero”, expresó el pinero a la revista Palabra Nueva.

Manuel Hurtado

Hace tiempo que Manuel Hurtado no está en Cuba. La estela dejada por el pitcher reglano es recordada sin ningún problema por los aficionados que vivieron la época romántica del béisbol cubano, la de los distantes años 60 del pasado siglo. Un promedio de carreras limpias de por vida para el que solo tengo una palabra: exquisito, ese 1.83, es la marca principal de Hurtado, que un día dijo, “me excluyeron del equipo que fue a Puerto Rico en el 66 (…) Estaba en la preselección y un buen día Orlando Salón, que era el Comisionado, me llamó para decirme que estaba suspendido indefinidamente por indisciplina, pues había faltado a dos entrenamientos. Le expliqué que Gilberto Torres, el manager, sabía que había faltado por asma, pero la sanción estaba decretada”.

“Pues bien, 15 días después de regresar el equipo de Puerto Rico, me quitaron la suspensión. Es decir, estuve suspendido indefinidamente menos de dos meses. Ese ha sido el momento más amargo de mi carrera deportiva”, afirmó en el brillante libro El alma en el terreno, de los autores Leonardo Padura y Raúl Arce.

Rolando Macías

“Otro mal rato fue cuando me dejaron fuera del equipo para Panamá en el 70. Yo fui el mejor pitcher en la Serie de los Diez Millones y estuve bien en los entrenamientos, pero me dieron curva. Lo peor fue que no me dijeron cuál fue el motivo”, son las palabras de Rolando Macías, llamado el músico de San Fernando de Camarones y autor de 110 victorias en los clásicos domésticos.

Fernando Sánchez

Algo parecido le sucedió al consistente toletero matancero Fernando Sánchez, “Fui bajado de la preselección sin motivos, porque ese año bateé 393 y 348 en la Selectiva. No me dieron explicaciones”. Ambos testimonios figuran en una serie de entrevistas realizadas por el diario Juventud Rebelde a propósito del 50 aniversario de las Series Nacionales.

Lino Betancourt

Amputado el pie izquierdo a causa de una gangrena y con una isquemia cerebral sufrida, Lino Betancourt Torriente, el de los nueve vuelacercas y 45 carreras impulsadas durante la quinta Serie, dijo a finales de 2010, “Yo soy uno de los olvidados. Hace diez años que estoy enfermo y pocos me visitan. Vivo con mi señora, mi hija y mi nieto. No quiero que me tengan lástima, sino que me apoyen en esta situación”.

Wilfredo Sánchez

El hermano de Fernando, Wilfredo Sánchez, fue un hombre de más de 2000 indiscutibles de por vida, pero apenas conectó 13 cuadrangulares, lo que al parecer le entorpecía el camino hacia los conjuntos nacionales.

“Creo que al atleta que más trabajo le costaba hacer el team Cuba era a mí. Por mucho que bateara, por mejor disciplina que tuviera, por más que me lo ganara, siempre alguien pensaba que yo no debía hacer el equipo, parece que sólo porque no daba jonrones”, dijo en El alma en el terreno.

Braudilio Vinent

Este volumen recoge igualmente el testimonio del Meteoro de la Maya, el veloz santiaguero Braudilio Vinent, con una carrera pasmosa en cuanto a buenos resultados. Tal es así, que en cualquier debate beisbolero, Vinent sale como uno de los cinco mejores lanzadores de la pelota revolucionaria.

Al preguntarle si con él se fue injusto alguna vez, respondió: “Sí, y fue un momento terrible. Sucedió cuando hicimos la preparación para los Panamericanos del 71 y durante todo el entrenamiento no me hicieron una sola carrera y después no me llevaron al equipo porque alguien dijo que yo era muy descontrolado”.

Alejo O’Reilly

El fornido avileño Alejo O’Reilly luchó a capa y espada por una esquiva regularidad en los conjuntos nacionales, lo amenazaron con sacarlo del equipo Cuba por indisciplina dietética y fue sometido como muchos otros, a un retiro obligatorio.

“Hubo una campaña que no estuve bien, pero tampoco tan mal. Quedé pegado a los 300 en average y di más de diez jonrones. Después me retiraron y me mandaron a jugar tres meses a Colombia”, reveló.

Agustín Arias

Recurrente en los Todos Estrellas por Oriente y dueño de un brazo portentoso, certero en el short stop, el granmense Agustín Arias no escapó de los desmanes a la hora de conformar los teams Cuba.

“Me dejaron unas cuantas veces porque a Servio Borges al parecer no le gustaba mi forma de ser. La primera vez que íbamos a Japón yo fui champion bate en el entrenamiento. Entonces me mandaron para un tope en Matanzas con otro equipo y ellos se fueron por la madrugada. Me enteré al otro día por Radio Reloj. Peor fue antes de la Copa Intercontinental de Edmonton, Canadá, en 1981. Estaba en el equipo y después me dijeron que la visa mía no había llegado”, ahondó.

Lázaro Junco

Irrisorio y denigrante es lo que le dijo cierta vez Servio Borges al yumurino Lázaro Junco, quien archiva en sus estadísticas más de 400 pelotas desaparecidas.

“Me llegó a decir que yo no estaba en los planes del quinquenio. Como si el béisbol se fuera a planificar igual que la producción de las empresas”, relató Junco, quien no contó con el merecido reconocimiento para engrosar diversas selecciones cubanas.

Estas son apenas 15 historias de peloteros que a lo largo de sus trayectorias como atletas probaron el amargo néctar que implican las injusticias, vistas en algunas de sus más variadas expresiones. Existen muchísimas más que ponen al descubierto el lado frío de varios de los dirigentes deportivos y gubernamentales en el béisbol revolucionario.

Y todavía recuerdo la benevolencia total con Víctor Mesa, en su función de manager de Matanzas, tras arrojarle polvo a un árbitro en la cara durante una protesta en un juego de las Series Nacionales. Fueron solo algunos partidos alejados de los diamantes beisboleros y entonces me pregunto ¿dónde está la esencia de la frase Al César lo que es del César?

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