El incontrolable ejercicio de la violencia

Fuente: Zona de Strike

Por Ibrahín Sánchez Carrillo

23 de Septiembre de 2014

Por momentos la violencia en la pelota cubana resurge para dejarnos bien claro que está ahí, agazapada para herirnos la identidad, lista para convertirse en un fenómeno inherente al espectáculo beisbolero a la misma altura del más oportuno cuadrangular o para trascender tan crucial como la indetenible ola de deserciones.

Hoy, en este preciso momento, no podemos ver un partido (hasta el más insignificante) y sustraernos a la idea de que cualquier circunstancia puede desencadenar en un hecho impulsivo.

Si un pitcher tira un lanzamiento pegado (ya no hace falta ni que sea pelotazo) se vacían las bancas…; si por cuestiones lógicas del juego hay un encontronazo en una base el hecho puede terminar en alarde de hombría, ofensas y hasta golpes…; si un árbitro interviene en una jugada apretada y su decisión no es del agrado de una de las dos partes allá va la bronca…

Así anda nuestro pasatiempo nacional. Y lo peor: involucra a peloteros y técnicos y no tiene una respuesta dura de la Comisión Nacional de Béisbol (CNB).

De tal flagelo no pudo escapar ni el mismísimo choque dominical que dejó inaugurada la temporada 2014-2015. Entre todos los ingredientes – gran pitcheo de Yoanni Yera, excelentes jugadas, justa apelación al video…- no podía faltar la guinda del pastel.

El hecho en sí fue muy sencillo. Tiro a home, el corredor matancero Yadiel Hernández se deslizó y chocó contra la anatomía del máscara pinareño Olber Peña Sánchez, que se encontraba en justo lugar. Pero sucedió que hubo una pierna levantada de Hernández y una leve respuesta de Peña. Ambos, puestos ya de pie, se cruzaron palabras y mediaron algunos manoteos. Así pasó todo.

El árbitro Elber Ibarra fue recto y expulsó a los dos involucrados, pero le faltó audacia para percibir que también pudo amonestar a Ariel Sánchez, quien entró a escena como un bólido a empujar al receptor local y arrastró detrás a un enjambre (tal vez sin la intervención de este tercer elemento la disputa no hubiera alcanzado las dimensiones que tuvo, simple especulación).

La raíz de la violencia en el béisbol local está fuera de los límites del terreno –ineludible el entorno social-; no obstante, el organismo rector no puede menos que tener listos los mecanismos coercitivos para imponer respeto a toda costa ¡y costo! Sin embargo, a la consabida multa de 200 pesos (CUP) le suprimieron las jornadas de prohibición que acompañaban a cada sanción.

Es decir, que en vez de endurecer la mano la Comisión peca de blanda y en esta jornada, por ejemplo, podremos ver activos -flamantes y delirantes- a los dos protagonistas de la reyerta de ayer. Todo parece indicar que el costo en ausencia de algún pelotero (o manager) merece ser protegido por encima de la propia integridad del espectáculo y la reputación del béisbol en la Isla. Por ese camino, ¿adónde vamos a parar?

El ejercicio de la violencia en la pelota cubana no parece tener fin, al menos hasta que el organismo rector de esta disciplina disponga de un Reglamento especial para estos fines y no dependa de un apéndice del utilizado por el INDER para los atletas de Alto Rendimiento; además que lo haga cumplir justo por pecadores.

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