Final inédita en el béisbol cubano

Fuente: Cuba Contemporánea

Por Hernán Martín

1 de Abril de 2015

Tigres avileños y Piratas pineros ya han hecho historia, pero -sin menoscabar el mérito de los de Roger Machado- las estrellas de esta
final sin precedente en el béisbol cubano parecen ser -mezcla del cuento de Cenicienta y el aglutinante rol de David en la pelota
nacional- los de la Isla de la Juventud: primero verdugos de Industriales en su casa azul del Cerro, luego cortando el camino a
Matanzas y silenciando un estadio matancero que tuvo el martes -quizá- la mayor concurrencia de su historia. Y una de sus noches más
tristes.

El “pantano de los cocodrilos” se quedó sin fiesta, otra vez. Eran pocos los pineros en las gradas, pero desde mi televisor me llegaba
clarito el ritmo del sucu-suco en el final del juego. A esa misma hora -me contaron por teléfono-, en Gerona la gente salía a la calle
con calderos y cualquier cosa que sonara. La conga le tocó esta vez a la Isla.

Los de Ciego de Ávila -que ya llegaron a tres finales y un cetro (2012, frente a Industriales) en el último quinquenio- pasaron como
una nueva aplanadora (4-1) sobre los Alazanes de Granma sin que a los de Oriente les sirviera de mucho su temida columnata de “cuartos
bates”. Es más, la dinamita la pusieron los Tigres -incluidos los mega jonrones de Osvaldo Vázquez y compañía- y, encima, silenciaron a
los poderosos “caballos” y hasta al “caballo de los caballos”.

Para los pineros es diferente. La final es un horizonte al que no se espera lleguen estos equipos “pequeños”. Su referente más cercano,
un referente solitario, es aquel tercer puesto en 1998. Casi un milagro.

Siempre vale tomar en cuenta la envergadura de su tierra y su condición de municipio; su ubicación ultramarina (los peloteros deben
sufrir, con más frecuencia que otros, el extenuante viaje Gerona-Batabanó en catamaranes y luego seguir viaje a través de la Isla
grande); el hecho de que han armado equipos (con mayor o menor suerte en las últimas temporadas) sin recurrir a las importaciones pese
a estar en desventaja frente a las provincias…

Hay que insertar la acotación: Pequeños, sí, pero por muchos años, antes de ser Piratas, fueron apodados “las santanillas”.

Frente a Granma, Ciego de Ávila dominó sin sombra de duda y archivó para lo mejor de su expediente histórico dos lechadas a la batería
más “jíbara” de la Serie Nacional, con el plus de un nocao 16-5.

Los choques entre la Isla y Matanzas fueron más cerrados, tensos hasta sus finales -sobre todo en los finales-, con la excepción del
primero (11 a 1 para los matanceros) y el quinto, ese en el que los pineros cedieron -muchos dijeron que tomando un respiro para reunir
fuerzas- y los Cocodrilos, luego de tres derrotas, tuvieron su desquite con un nocao 13-0 que dejó mudo al Cristóbal Labra.

El partido de este martes fue el más intenso. Arrancaron arriba los visitantes, empataron y se fueron arriba los anfitriones, para ser
alcanzados por sus rivales cuando les faltaba poco para celebrar. Curiosamente, la dura y reñida pugna se llegó a reflejar en la
pizarra, que en algún momento mostró 5-11-1 (cinco carreras, 11 hits y un error) para cada equipo y luego 5-13-1 hasta el décimo.

Hasta el final del décimo duró el suspenso.

En el onceno, tocó al talentoso y siempre seguro Luis Yander La O cometer el error que puso el punto de inflexión en la historia. Con
dos pineros -Dainier Galvez y Michel Enríquez- en segunda y tercera, era cantado el boleto intencional para el peligrosamente oportuno
Rigoberto Gómez. Con bases llenas, Ronnie Proenza mal disparó un agónico roletazo por el campo corto y se vio venir el doble play y el
tercer out. Pero -cosas de la pelota, para decirlo llanamente- falló La O y los Piratas marcaron la ventaja y el inicio del desplome de
los de Víctor Mesa.

Si al comienzo del onceno la pizarra marcaba 5-13-1 para cada equipo, al final de la parte alta lucía muy diferente: 5-13-3 para
Matanzas; 15-20-1 para la Isla. Trece fueron al bate, con ocho hits y el primer jonrón de los pineros en postemporada. De parte de
Matanzas, dos boletos, dos errores y un triste estupor del que no se recuperaron en su última oportunidad al bate.

La Isla -que según recordaba orgulloso el periódico local Victoria, pasó “por encima de provincias con diez y veinte veces más
habitantes”- acaba de pasar a la final por primera vez en la historia. Acaba de derrotar en seis juegos (4-2) al mejor equipo de la
campaña regular, en un play off sencillamente espectacular que tuvo tres extra innings, algo poco visto en esta instancia de la Serie
Nacional.

Piratas y Tigres en la final de la Serie Nacional. “Esa combinación nadie se la esperaba”, me dijo un experto.

Para muchos los Tigres son favoritos -más historia, el pitcheo que hizo estragos a Granma, la estabilidad en el campeonato y el
lucimiento ante los Alazanes. Para otros -pineros y también muchos en el país y más allá que han ido adoptando a los Piratas- el equipo
“pequeño” ha llegado hasta aquí y se impuso al favorito Matanzas. Bateadores tiene, un pitcheo de menor profundidad pero con dos
formidables cerradores y mucha hambre, mucho de esa mezcla de factores resumida como “garra”.

Cualquier cosa puede suceder. Tigres y Piratas se enfrentan desde el viernes en el estadio José Ramón Cepero de Ciego de Ávila, donde
hace pocas horas cayó Granma. Los Tigres otra vez en la final. Los Piratas que se estrenan. No se extraña a “los cuatro grandes” y en
la calle se habla menos de fútbol. Final inédita, y con mucho suspense, en la pelota cubana.

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