Salón de la Fama: por fin, ¿quién detuvo el sueño?

Fuente: Café Fuerte

Por Alberto Águila

10 de Noviembre de 2014

Las autoridades deportivas acaban de anunciar, finalmente, la “refundación del Salón de la Fama del Béisbol Cubano”. La propuesta, según explica la prensa oficial, se combina con el propósito de sumar al Salón un Museo del Béisbol Cubano, del que no se dan más detalles, pero que si la lógica y el sentido histórico prevalecen en el futuro, deberían ambas entidades ocupar espacio físico en el estadio Palmar de Junco de Matanzas, donde ocurrió la epifanía de nuestro pasatiempo nacional hace 140 años este 27 de diciembre.

El lanzamiento de la idea y la exaltación de 10 nuevos miembros coincidió con la celebración del Coloquio Museo y Salón del béisbol cubano: de la utopía a la realidad, que auspició el INDER con la participación de un centenar de cronistas deportivos, historiadores y especialistas de todo el país.

“Fueron 54 años de espera. Más de medio siglo desde que, en 1960, se detuvo algo que debió ser trascendental para la historia del béisbol cubano”, asegura una nota editorial del diario Juventud Rebelde. ¿Se detuvo o lo detuvieron? ¿No se sabe quién lo hizo y cuáles fueron los motivos de estar larga espera?

La vuelta de los olvidados

De todas maneras, la resurrección del Salón de la Fama del Béisbol Cubano se produjo “con una visión más integrada al fenómeno cultural y social que representa el béisbol para los cubanos” y sin desbancar a los 68 miembros ya seleccionados entre 1939 y 1960, lo que es algo a destacar en el país de los borrones y cuentas nuevas. Que se asuma como una “resurrección” es un indiscutible buen primer paso para empezar a poner las cosas en su sitio.

Los convocados al proceso propusieron enmiendas y modificaciones, y aprobaron el reglamento que pautará a partir de ahora el “proceso de nominación, selección y exaltación de sus futuros miembros”. Además, eligieron con vigencia de dos años al Tribunal de Selección, Sería bueno que al menos se diera a conocer este reglamento para saber al menos cuáles serán los criterios de nominación y selección para saber a qué atenernos.

Pero vayamos a la selección de este sábado, que elevó a 78 los actuales miembros del Salón resucitado.

De la etapa 1864-1961 fueron exaltados Conrado Marrero, Orestes «Minnie» Miñoso, Camilo Pascual, Amado Maestri y Esteban Bellán. No habría mucha discusión, solo que, a mi jucio, Bellán no hace méritos suficientes para ingresar en la lista solo por haber sido el primer jugador cubano que escaló hasta Grandes Ligas. En el Salón de la Fama del béisbol cubano (1939-1961), los encargados de entronizar a los jugadores nunca escogieron a Bellán, porque sus méritos deportivos fueron realmente pocos.

Hijo de familia acaudalada, Bellán fue traído a los 13 años a Estados Unidos debido a las luchas entre españoles y cubanos. En Grandes Ligas jugó entre 1871 y 1873, actuó en solo 60 desafíos, con pobre average de 251 (69 en 251); en Cuba actuó con el Habana en el período 1878-1886. Por aquel entonces hubo otros jugadores de mayor calidad como Carlos Royer, Valentín González y Adolfo Luján, ya incorporados a la lista de inmortales de la pelota cubana,

El tiempo detenido

Pero mis mayores objeciones provienen de la etapa posterior a 1961, en la que si el tribunal de selección actuó con “una visión más integrada al fenómeno cultural y social” de la pelota criolla deben contar tanto los que fundaron e hicieron historia en las Series Nacionales en marcha desde 1962 hasta la fecha, hasta los gladiadores cubanos que se impusieron a golpe de talento en las Grandes Ligas en aquellos años en que “se detuvo” toda mención al béisbol profesional y se congeló el Salón hoy rescatado. ¿O es que ellos no son también pilares para validar lo “que representa el béisbol para los cubanos”?

Empecemos por los olvidos de Grandes Ligas. Es una pifia descomunal no situar a Atanasio “Tany” Pérez, Tony Oliva y Luis Tiant, con méritos y numeritos superiores a muchos de los incluidos. Y si se sumó al árbitro Maestri habrá también que contar con el narrador Felo Ramírez, nonagenario y aún en pleno ejercicio de su labor. Pérez y Ramírez son los únicos cubanos que hoy aparece en el Salón de la Fama de Cooperstown y no hallo un argumento poderoso para marginarlos, como tampoco pueden estar excluidos Oliva y Tiant. El aporte al béisbol cubano -ni tampoco a la literatura cubana- pueden quedar reducidos a los terrenos insulares, mucho menos en una era de globalización a la que el deporte no es ajeno.

La labor de Tiant fue especialmente titánica en Grandes Ligas, con mejores resultados que todos los pitchers cubanos, incluido Camilo Pascual. Tiant ganó 229 juegos y perdió 172 en 19 temporadas, con porcentaje de efectividad de 3.30; Pascual en 18 años alcanzó 174 victorias y 170 reveses con 3.63. Tiant lanzó 49 juegos de nueve ceros y Camilo 36, el primero ponchó a 2,416 hombres y Pascual a 2,167. No menciono Juegos de Estrellas ni desempeños de postemporadas, porque sería lo de nunca acabar.

Pensando en Antonio Pacheco

También es muy discutible la ausencia de Orlando “Duke” Hernández, de excelente trayectoria a la vez en campeonatos nacionales y Grandes Ligas. Al salir de Cuba en 1997, el Duke dejó el mejor balance de ganados y perdidos con 126-47 y en su paso por las Mayores acumuló 90-65. Después del gran Braudilio Vinent, el Duke, de Industriales y de los Yankees, debe estar en ese Salón, donde tampoco puede excluirse al as pinareño Pedro Luis Lazo. No quiero pensar que en las próximas “escogidas” esta omisión vaya a perpetuarse.

Sin embargo, es aún más cuestionable que entre los cinco seleccionados de la etapa 1962-2014 (Omar Linares, Luis Giraldo Casanova, Orestes Kindelán, Antonio Muñoz y Braudilio Vinent) no esté Antonio Pacheco, quien fijó en las páginas del béisbol cubano mejores resultados que Kindelán y Casanova.

En 22 series nacionales como titular, Pacheco estableció promedio de por vida de 334 y es todavía dueño del récord histórico de más hits conectados, con 2,356. Su nombre aparece además entre los mejores de todos los tiempos en carreras anotadas, dobles e impulsadas. ¿Fue considerado al menos entre los 20 finalistas por los 25 integrantes del Tribunal de Selección? ¿O es que no era prudente comenzar con esta iniciativa exaltando a un ex capitán de la selección nacional que está solicitando asilo político en Estados Unidos?

Pensé por un momento que se trataba de un lapsus de los votantes o simplemente que en una selección siempre hay injusticias previsibles, dejando fuera que se tratara de una trastada por razones políticas, como viene sucediendo en nuestros ámbitos deportivos, profesionales, artísticos y científicos desde hace 55 años.

De Martín Dihigo a Fidel Castro

Pero cambié de opinión sobre la “desaparición” de Pacheco cuando leí que el coloquio de este sábado en el Latinoamericano fue dedicado a los cinco espías (¿será por el bate que Gerardo Hernández les obsequia a los equipos nacionales?) y luego que los ilustres convocados del Tribunal de Selección (cuyos nombres no fueron divulgados) acordaron la creación del Premio Anual Martín Dihigo a la obra de toda la vida, con el propósito de reconocer a personas e instituciones asociadas con el béisbol y con aportes notables a su desarrollo a través del tiempo.

Y así reseña Juventud Rebelde la argumentación para que la primera edición del Premio Dihigo haya ido a parar a manos de Fidel Castro: “Por decisión unánime, el premio correspondiente a esta primera edición fue otorgado al Comandante en Jefe Fidel Castro, por «ser el impulsor de nuestras Series Nacionales y el principal inspirador del béisbol amateur en Cuba después de 1962. Además, por su entrega, apoyo y la Revolución lograda en la pelota cubana durante más de cinco décadas, en las que hemos alcanzado títulos panamericanos, mundiales y olímpicos, así como el segundo lugar del Clásico Mundial. Por ser Fidel un pelotero que ha dado jonrón con bases llenas a millones de cubanos, amantes del béisbol y de su Patria».

Definitivamente, el resucitado Salón de la Fama del Béisbol Cubano terminó en brazos de la politiquería más barata. ¿Habrá manera de que algo se haga en la Cuba de hoy sin acudir a la ideologización oportunista y la propaganda política que impone el oficialismo? ¿Se impone o lo impuso desde arriba el flamante Comisionado de Béisbol, Heriberto Suárez, presente en la reunión?

Respuesta fácil de encontrar

Si la fundación del Premio Martín Dihigo es una iniciativa realmente encomiable, concederlo a Fidel Castro resulta uno de los contrasentidos más escandalosos como parte de un movimiento de rescate de una tradición que el propio “Pelotero en Jefe” se impuso sepultar y destruir en su megalómana obsesión contra el profesionalismo del béisbol. Para los que se preguntan quién “detuvo” por 54 años la evolución del Salón e impidió realizar el “sueño acariciado muchas veces” de proseguir en algo tan trascendental para la historia del béisbol cubano, la respuesta es facilita: vayan a los discursos, las guías beisboleras y los periódicos de la época y lo encontrarán inequívocamente: el Hombre dedicado a cultivar moringa en Punto Cero.

La exaltación de los 10 seleccionados para engrosar el refundado Salón de la Fama del Béisbol Cubano se realizará durante el próximo Juego de las Estrellas, programado para el 28 de diciembre en Bayamo, Granma. Lo elemental sería que Miñoso y Pascual, exiliados en Estados Unidos para poder proseguir sus carreras profesionales, reciban invitación para asistir a la ceremonia. Si van o no es otro asunto.

Aunque ciertamente yo lo pensaría, pues la refundación de este Salón, una idea para el futuro de Cuba, tiene aún todavía demasiados amarres con sus enemigos del pasado reciente.

One Response to Salón de la Fama: por fin, ¿quién detuvo el sueño?

  1. quien ustedes piensan que paro el beisbol en cuba nada mas y nada menos que el que lleno a cuba de sangre y el partido comunista y jugadores de beisbol profecionales que perteneccian al partido comunista y escribian en el diario del partido ademas el dueno de la vaca es el amo del ternero y si el omner es castro quien es el culpable el destructor de cuba fidel castro ruz

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