Mal gusto vs. tradición y originalidad

Por Rogério Manzano

29 de Mayo de 2010

El fenómeno del vestuario en las Series Nacionales ha sido un mal menor que ha afectado el buen espectáculo de la pelota cubana por décadas. Pero antes de adentrarnos más en la materia, sería conveniente recordar un poco de historia.

Durante los primeros tiempos de la práctica del béisbol en Cuba, los diseños de los uniformes eran bien primitivos y sólo llevaban, en ocasiones muy contadas, la inicial o el nombre del equipo rotulado en un lugar visible.

En cambio, era la pigmentación de las medias o algún detalle colorido en la gorra lo que, generalmente, diferenciaban a una y otra novena en aquel período rústico y novelesco.

Ya en pleno siglo XX, las franelas de lana se universalizaron en el vestuario de los peloteros de Grandes Ligas, y la práctica más frecuente era usar un traje en tonalidades grises, para los partidos como visitante, y otro blanco para actuar como local.

Los célebres uniformes a rayas aparecieron en Estados Unidos alrededor de 1907 y en Cuba hacia la segunda década del siglo, aunque, por las fotografías de la época que han sobrevivido hasta hoy, pareciera que los cubanos no eran muy proclives a respetar el patrón visitante-local en su atuendo.

Los Indios de Cleveland fueron quienes usaron por primera vez números (grabados en las entonces alargadas mangas de la chamarreta) para identificar a sus jugadores en la temporada de 1916. Pero, no fue sino hasta 1929 que los Yanquis de Nueva York generalizaron esta costumbre, cuando saltaron al terreno con unos números, bien gruesos y visibles, estampados en la espalda.

A tono con estas tendencia en las Ligas Mayores, en Cuba también los equipos de la Liga invernal comenzaron a adicionar en su vestuario, no sólo este último componente, sino también agregaron otros que hicieron hábito en los años 30 y los 40, como portar el nombre completo (o el sobrenombre) del conjunto en las piezas frontales de la franela o grabar la letra inicial de la escuadra en la parte superior de la gorra.

Aunque se elaboraron algunos bocetos exclusivos en esa etapa inicial, no fue hasta después de 1943 (cuando se estabilizó la estructura del torneo invernal cubano con cuatro novenas), en que aparecieron las mejores muestras y los diseños más atractivos.

En esa oportunidad se recurrieron a recursos más sugestivos que se pusieron de moda, como los ribetes en las mangas, sobre la parte delantera de la camisa o en los laterales de los pantalones, así como la aplicación de otros detalles más llamativos en las medias.

La utilización de logotipos o monogramas representativos de los clubes no se introdujo de manera definitiva hasta las campañas finales de la década del 50, aunque el Almendares lo incluyó alguna que otra vez en temporadas anteriores y el Habana comenzó a mostrar su célebre león en la manga izquierda de la casaca a partir de 1954.

Pero, quizás la particularidad que más equilibró este proceso en la Liga Profesional Cubana fue la continuidad en la utilización de los cuatro colores clásicos, establecidos como identidad de los equipos en contienda durante el último período del circuito.

LIGA CUBANA DE BÉISBOL PROFESIONAL
Equipos Colores Figuras
Alacranes del Almendares AZUL (ver uniformes)
Elefantes de Cienfuegos VERDE (ver uniformes)
Leones de la Habana ROJO (ver uniformes)
Tigres de Marianao NARANJA (ver uniformes)

Después de 1962, y con el inicio de las Series Nacionales, se mantuvo la antigua y tradicional costumbre ligamayorista de combinar los colores de guerra del club con el uniforme gris-azuloso para la carretera y el blanco, o rayado, para la casa.

Fue una interesante etapa para la imagen del nuevo campeonato, el cual se intentaba establecer en la aceptación de los fanáticos, acorde con los momentos renovadores que se vivían.

Los diseños todavía conservaban mucha influencia, en bocetos y perfiles, de la recién desaparecida Liga Profesional, e incluso de las Grandes Ligas, pues durante los años sesenta se hicieron muy populares las famosas “mangas cortadas”, al estilo Ted Kluszewski.

Más aún, cuando se celebró la contienda de 1967-68, que estructuró el certamen doméstico con dos equipos por provincias, esta norma se ratificó como arquetipo fundamental en la vestidura de las selecciones participantes.

SERIE NACIONAL 1967-68
Equipos Colores Figuras
Pinar del Río VERDE (ver uniformes)
Vegueros MORADO (ver uniformes)
Habana MARRÓN (ver uniformes)
Industriales AZUL ROYAL (ver uniformes)
Matanzas ROJO (ver uniformes)
Henequeneros AMARILLO (ver uniformes)
Las Villas NARANJA (ver uniformes)
Azucareros CARMELITA (ver uniformes)
Camagüey AZUL-ROJO (ver uniformes)
Granjeros ROJO-AZUL (ver uniformes)
Oriente NEGRO (ver uniformes)
Mineros AZUL PRUSIA (ver uniformes)

A partir de esa campaña cada escuadra adquirió un color representativo, y aunque los esbozos de los uniformes luego comenzaron a variar año tras año, se consiguió, en cambio, una permanente coherencia del color referencial de las novenas en cada liza.

En el concurso de 1974, posterior a la expansión de 1973 hasta 14 clubes, comenzó a emplearse un nuevo concepto que, no únicamente revolucionó por completo el esquema de vestuario en la Serie Nacional, sino que luego marcó la sustitución definitiva del habitual gris-azuloso de la ropa de visitante por matices más intensos y oscuros.

La novedad en sí fue una reproducción del estilo utilizado por los Piratas de Pittsburgh en la contienda de 1970, cuando se presentaron con una innovadora alteración que eliminó las franelas de botones por una cerrada de cuello redondo, del mismo modo que suprimió las trabillas y las correas de cuero en los pantalones por una franja tricolor ajustada a la cintura.

Empero, con la aparición de la Serie Selectiva en 1975 se inició el ciclo más oscuro y kitsch de la historia del uniforme en la pelota cubana.

SERIE NACIONAL 1977-78
Equipos Colores Figuras
Vegueros MORADO (ver uniformes)
Forestales VERDE (ver uniformes)
Industriales AZUL ROYAL (ver uniformes)
Metropolitanos MARRÓN (ver uniformes)
Habana AZUL CIELO-NARANJA (ver uniformes)
Isla de Pinos AMARILLO-VERDE (ver uniformes)
Henequeneros AMARILLO (ver uniformes)
Citricultores ROJO (ver uniformes)
Cienfuegos VERDE-AMARILLO (ver uniformes)
Villa Clara NARANJA (ver uniformes)
Sancti Spíritus NARANJA-VERDE (ver uniformes)
Ciego de Ávila AMARILLO-NEGRO (ver uniformes)
Camagüey AZUL-ROJO (ver uniformes)
Las Tunas VERDE-NARANJA (ver uniformes)
Holguín NARANJA-NEGRO (ver uniformes)
Granma VERDE-ROJO (ver uniformes)
Santiago de Cuba ROJO-NEGRO (ver uniformes)
Guantánamo AZUL-AMARILLO (ver uniformes)

A través del final de la década de los 70’s, los 80’s y la primera la mitad de los 90’s, la regla general consistió en dotar a cada novena con un módulo común. Los atletas contaban con un uniforme para las veces de visitador, en color completamente oscuro, con el nombre de la escuadra impresa al frente, y otro para jugar de local, en blanco, con la inicial o las iniciales del conjunto marcados en la parte superior izquierda de la camisa.

Salvo contadas excepciones, los modelos de vestuario se volvieron sombríos y repetitivos. También los tipos de letras y números usados en los trajes eran casi siempre iguales y antiestéticos, mientras que los dibujos de los logotipos lucían constantemente ridículos y deslucidos.

De vez en vez, se apreciaban algunas diferencias en los ribetes que adornaban los prototipos, en otras oportunidades variaban un poco la grafía o el monograma de la gorra, pero, por encima de todo esto, primó una fatídica homogeneidad y un acentuado mal gusto.

Por otro lado, a la hora de confeccionar los diseños de los uniformes, los creadores olvidaron importantes elementos como el tórrido clima de la Isla o el uso de los tradicionales “nicknames” o sobrenombres, aunque este último detalle conlleva de por sí otro análisis independiente.

El anterior lenguaje tampoco resultó muy riguroso en la conservación de las tradiciones, pues excepto casos como los de Villa Clara, Industriales, Santiago de Cuba o Pinar del Río, que preservaron siempre sus habituales divisas naranja, azul, rojo y verde, el resto de los combinados usualmente cambiaba de una temporada a otra las tonalidades representativas de su indumentaria sin muchas contemplaciones.

Cuando los ensayos de estas imperfecciones ya alcanzaban picos grotescos, la lid efectuada entre 1998 y 1999 acomodó varios aspectos del juego, desde la estructura de la competencia hasta los medios de transporte. El guardarropa de la Serie Nacional tampoco escapó a esas reformas.

SERIE NACIONAL 1998-99
Equipos Colores Figuras
Pinar del Río VERDE (ver uniformes)
Industriales AZUL ROYAL (ver uniformes)
Metropolitanos ROJO (ver uniformes)
Habana ROJO-GRIS (ver uniformes)
Isla de la Juventud AZUL PRUSIA (ver uniformes)
Matanzas ROJO-AMARILLO (ver uniformes)
Villa Clara NARANJA-NEGRO (ver uniformes)
Cienfuegos VERDE-NEGRO (ver uniformes)
Sancti Spíritus NARANJA-AZUL (ver uniformes)
Ciego de Ávila AZUL CIELO (ver uniformes)
Camagüey AZUL PRUSIA-ROJO (ver uniformes)
Las Tunas VERDE-ROJO (ver uniformes)
Holguín AZUL CIELO-NEGRO (ver uniformes)
Granma AZUL CIELO-ROJO (ver uniformes)
Santiago de Cuba ROJO-NEGRO (ver uniformes)
Guantánamo NEGRO-AMARILLO (ver uniformes)

Esa temporada, un grupo de alumnos del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) de la especialidad de diseño informacional, renovó la línea de logotipos, desde el cocodrilo matancero hasta la piña avileña, con bocetos mucho más modernos y agradables de los que se habían utilizado hasta ese momento.

También, por primera vez, se incluyó mostrar, tanto en las camisas de casa como en las de visitante, no sólo el nombre completo del seleccionado en la parte frontal, sino también el apellido de cada jugador en la espalda de ambas piezas y, finalmente, se acordó asignarle un color definitivo para los uniformes por cada provincia.

Pero, como en estos temas nunca quedó nada escrito en piedra, tres años después se comenzó a desestabilizar lo convenido. En las primeras temporadas del siglo XXI ya se había regresado al usual cambio de divisas, colores y monogramas, y para la temporada de 2006-07 se retrocedió otro paso con la vuelta a la redundancia, la repetitividad y la oscuridad de los horribles diseños de antaño.

Pese a que en las últimas temporadas se nota una mayor regularidad en el respeto de los colores tradicionales de cada equipo, todavía en Cuba los diseñadores de uniformes de la Serie Nacional no logran saltar el muro más difícil en los anales de la “moda beisbolera revolucionaria”: la diversidad, la originalidad y el buen gusto.

Lo que siempre olvidan los tecnócratas cubanos es que, cuando se organiza un campeonato de béisbol, el propósito fundamental no es sólo tener en el terreno a los deportistas más hábiles, sino desplegar y ofrecer el mejor espectáculo.

En el fútbol prima la dinámica de la acción insistente, pero la pelota es una disciplina perezosa, más propensa a la calma visual y al enfoque estratégico. Es por esa razón que se necesitan desarrollar y ajustar un sinnúmero de proyecciones colaterales, como el vestuario por ejemplo, para mantener viva la atención de un fanático que permanecerá sentado por más de dos horas en espera del gran batazo, o de la gran jugada.

Pareciera que en Cuba se han muerto todos los buenos diseñadores de uniformes de pelota, aunque más temo que en realidad lo que ha desaparecido hace mucho tiempo es el incentivo y la pasión por hacer bien las cosas.

One Response to Mal gusto vs. tradición y originalidad

  1. pepin says:

    jejejejeje eres un mostro

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