Peligrosidad Social vs. Béisbol

Fuente: Primavera Digital

Por Michel I. Rodríguez

10 de Enero de 2013

La Ley de Peligrosidad Social ha provocado la destrucción moral y física de muchos cubanos. Tal fue el caso de una docena de jugadores de alto rendimiento del béisbol cubano que fueron enviados a la cárcel en 1982, varios de ellos a prisiones de máxima seguridad.

A pocos días de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1982 en la primera página del Granma, órgano oficial del Partido Comunista, una nota del INDER informó que se encontraban presos, bajo investigación policial un grupo de peloteros acusados de vender los juegos de la Serie Nacional.

Ellos eran: Eddy Herrera (3ra base, Industriales), Radamés Maceo (2da base, Industriales), Dagoberto Gracias (pitcher, Metropolitanos), Bruno Couso (pitcher, Metropolitanos), Félix Batalla de la Rosa (Metropolitanos), .Leonardo Arena (left field, Metropolitanos), Lázaro Martínez de Cárdenas (receptor del equipo Cuba), José Antonio Alpízar (director de Industriales), Omar Ramos (pitcher, Industriales), Ernudys Pablo (receptor, Industriales), Jorge Beltrán Laferté (jardinero, Industriales), Ramón Luna Rodríguez (jardinero, Industriales), Carlos Jiménez (pitcher, Industriales), Eladio Iglesias (pitcher, Industriales), Monguito Cabrera (1ra base, Metropolitanos) y Rey Vicente Anglada.

Diez de estos peloteros se encontraban en sus viviendas cuando Granma publicó la nota del INDER. Luego de leerla, quedaron estupefactos. Se personaron al siguiente día, para esclarecer la situación, en el Departamento Técnico de Investigaciones (DTI), ubicado en Empedrado y Zulueta, en la Habana Vieja. Fueron expulsados de allí sin explicaciones. Sin darse por vencidos, al día siguiente se presentaron en el INDER, donde fueron recibidos por el entonces director Carlos Galván Vila, que muy apenado les dijo que en 72 horas se resolverían sus preocupaciones.

Pero los peloteros fueron detenidos en sus viviendas al amanecer del próximo día y conducidos a la prisión de máxima seguridad La Cabaña. Instruidos por separado por el capitán Prieto, del DTI, este les comunicó que serían sancionados por el delito de peligrosidad social, ya que aunque no encontraban pruebas en su contra, estaban seguros de que vendían los juegos.

Llevados en pocos días al Tribunal Popular, en aquel entonces ubicado frente al parque de Cristo, en la Habana Vieja, fueron sancionados a penas de entre dos y cuatro años de privación de libertad por el delito de peligrosidad social por los artículos E y F del Código Penal.

Cumplieron sus condenas en La Cabaña, Melena, Río Seco, Nueva Paz, Las Piedras, Dagame (en Alquízar, a un costado de la textilera Alquitex).

Al salir de la cárcel, fueron entrevistados por coroneles del Ministerio del Interior y funcionarios vestidos de civil, quienes les dijeron: “Ustedes no son presos comunes ni políticos, pueden reintegrarse a la sociedad y al béisbol cubano”.

Pero no fue así. Excepto Rey Vicente Anglada, nunca lograron volver a jugar en Series Nacionales, lo que marcó muy negativamente sus vidas y las de sus familias. Muchos han vuelto a prisión en varias ocasiones por diferentes delitos, otros han emigrado o fallecido. Sin dudas, el gran perdedor fue el béisbol nacional.

2 Responses to Peligrosidad Social vs. Béisbol

  1. Daniel J. Escudero says:

    Ramon Cabrera “Monguito” fue exonerado de todos los cargos que se le imputaban pero cumplio injustamente prision hasta que se comprobo su inocencia. Excelente deportista y persona nunca pudo reponerse a semejante humillacion y enfermo de varias causas entre ellas Diabetes falleciendo poco tiempo despues de aquel lamentable suceso completamente desfigurado y enfermo. Le regresaron a los libros de records y le dieron una carta que lo liberaba de cargos para reintegrarse a la vida deportiva pero desgraciadamente fue demasiado tarde

  2. godual lopez cue says:

    Me acuerdo como si hubiera sido ayer yo soy primo del fallecido radames Maceo y me acuerdo que el desgraciado de Ramiro Valdés ministro del Ministerio del interior les dijo que el sabía que muchos de ellos eran inocentes pero no podía dar marcha atrás porque la noticia se había dado a conocer mundialmente y la seguridad del Ministerio del interior cubana no podía despretijiarce mundial mente reconociendo que se habían equibocado

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