Una experiencia a punto de cometer harakiri

Fuente: El Nuevo Herald

Por Jorge Ebro

21 de Julio de 2015

A la sombra de las banderas izadas en Washington y La Habana se erige la ilusión real de que pronto se alcanzará algún tipo de acuerdo con Grandes Ligas, pero tras la experiencia de los Panamericanos de Toronto pudiera advertirse el final de Japón como destino de los peloteros cubanos.

Muy enamorados del talento de los antillanos tuvieron que estar los ejecutivos de la liga profesional nipona cuando dejaron que la Federación Cubana de Béisbol les arrancase tantas prerrogativas, especialmente la de no impedir la participación de sus estrellas en los eventos internacionales.

Habría que empezar diciendo que, salvo ciertos momentos, la experiencia cubana no ha sido la mejor en base a las expectativas que generó, y que los hombres que han pasado por allá han dejado una huella ambivalente, marcada por la intermitencia o el fracaso total.

Desde la fatal experiencia de Frederich Cepeda hasta la inexplicable saga de los hermanos Gourriel, los ejecutivos japoneses deben estar sacando balance de estos primeros dos años de un pacto extraño y lejano, del que no pueden sacarse muchas conclusiones.

Figuras en contraste

Por los motivos y con las excusas que se encuentren, Cepeda ha sido prácticamente inexistente y sus pálidos números -por no llamarlos horrendos- contrastan con las innegables contribuciones al equipo nacional en los torneos del orbe.

Alfredo Despaigne ha sido el mejor de los cubanos y tampoco es que esté reventando la pelota con los Marines de Chiba, pues a la hora de publicar este comentario conectaba para .263, muy diferente al promedio de .311 del año pasado.

De Héctor Mendoza apenas se puede sacar una evaluación, pues su presencia ha transcurrido entre la sucursal de granja de los Gigantes y una actuación mínima con el equipo grande de Yomiuri.

Lo que nos lleva al enigma de los Gourriel, principalmente Yulieski, quien sin ningún tipo de argumento convincente le dijo adiós a un pacto de casi $3 millones para emprender una ruta cuyo final, se presume, sean las Mayores, a pesar de que nadie sabe si la novela terminará con final feliz.

Si el Yokohama, a regañadientes, aceptó la rescisión del pacto de un hombre que en el 2014 bateó para .305, lo mismo no puede decirse del hermano más chico, pues los BayStars no sueltan prendan con Lourdes Jr., despertando una ola de especulaciones sobre los motivos de este empecinamiento.

El más chico de los Gourriel, que para muchos es el de mayor proyección, se encuentra jugando el torneo de Rotterdam, Holanda, pero no dice ni una palabra sobre sus posibilidades de retornar a la Tierra del Sol Naciente.

No sé cuál es la evaluación de la parte cubana, pero los japoneses no han recibido mucho en este intercambio, al menos en el plano beisbolero, y asumen riesgos que en ninguna otra parte del mundo serían permitidos.

Algo insoportable

Toronto es la muestra perfecta: Cepeda, Despaigne y Mendoza fueron llamados a integrar la escuadra nacional. Tuvieron que abandonar sus respectivos clubes, volar a Canadá, tomar parte en el torneo y en algún momento retornar al archipiélago japonés para continuar con la serie de esa nación.

De acuerdo con declaraciones del mánager cubano, Roger Machado, Mendoza estaba lesionado en Toronto -no se sabe sien llegó en ese estado o se lastimó allí- y así y todo el dirigente contaba con él “para matar” aunque fuera una entrada, algo atroz con un hombre sin su mejor salud, en el partido donde Cuba perdió el pase a la final panamericana. Si yo soy el propietario de los Gigantes y leo las palabras de Machado, sentiría algo cercano a un infarto.

No, ese tipo de acuerdo no es justo ni para las franquicias niponas, ni para los peloteros cubanos. Ese ritmo no lo aguanta nadie, y valdría recordar el caso del gigante chino Yao Ming, cuya carrera en la NBA se truncó por los constantes compromisos que debía cumplir “con su patria’’ al final de la temporada en Estados Unidos.

Desconozco qué tipo de acuerdo establecerán Cuba y Grandes Ligas -de que viene, viene-, pero estoy seguro que los poderosos dueños de las Mayores no permitirán eso con el talento que compren en la isla. No, los propietarios de la gran carpa tienen el colmillo más afilado que sus colegas del Lejano Oriente.

Lo de Japón, de continuar en estas condiciones, es una experiencia destinada al fracaso.

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