Un mulato cubanoamericano en Cooperstown

Fuente: Cuba Contemporánea

Por Michel Contreras

10 de Marzo de 2015

El recuento de los hijos de esta tierra que ostentan una placa en el Salón de la Fama de Cooperstown -repasadas anteriormente las figuras de Dihigo, Tany Pérez, Méndez y Torriente-, recala finalmente en el empresario, manager y promotor Alex Pompez.

Descendiente de cubanos, Pompez vio la luz en la Florida el 3 de mayo de 1890 y falleció en Nueva York el 15 de marzo de 1974. Mulato de inglés fluido y español correcto, a mediados de 1916 organizó los legendarios Cuban Stars, un equipo mayormente integrado por criollos.

Siempre con la mira en el béisbol de los mestizos estadounidenses -donde “solo la pelota era blanca”- el paso del tiempo lo vio convertirse en un personaje capital en el desarrollo de las pre Ligas Independientes de Color (antes de 1920) y en las Ligas Negras (1920-1950), donde fue manager, dueño de equipos y vicepresidente.

En las Ligas Negras, Pompez logró incluir desde 1923 hasta 1928 sus Cuban Stars East, así como los fortísimos e inolvidables New York Cubans, entre 1935 y 1951.

En ese período de tiempo contribuyó muchísimo en el mejoramiento de la Liga Profesional Cubana, llenando la vacante abierta por la muerte del ilustre empresario Abel Linares. Y no puede pasarse por alto su labor como scout de los Gigantes de Nueva York, durante la cual alcanzó a descubrir a inmortales como Willie Mays, Orlando Cepeda y Juan Marichal.

Otro elemento trascendente: Pompez incidió de manera notable en la aparición de la primera Serie Mundial de las Ligas Independientes de Color, que ganó en 1947.

Dicho sea de paso, por los New York Cubans desfilaron enormes peloteros como Martín Dihigo, Luis Tiant (padre), Alejandro Oms, Lázaro Salazar, Silvio García, Anastasio Santaella, Ramón Bragaña, Orestes Miñoso, el dominicano Tetelo Vargas y los norteamericanos Frank Duncan Jr., John Stanley, John Taylor y David Thomas.

Antes de esa victoria -ocurrida el mismo año en que Jackie Robinson rompió la barrera racial en Grandes Ligas-, su finísimo olfato para los negocios lo había llevado a adquirir en 1936 el Dyckman Oval, al que Pablo de la Torriente calificó como “el polo ground cubano”.

Se trataba de un estadio con capacidad para unas quince mil personas, donde también se competía en fútbol americano, boxeo, baloncesto, e incluso se ofrecían espectáculos de corte musical.

Tanto fue su prestigio, que en la década del setenta lo eligieron miembro del Comité Especial de las Ligas Negras en el Salón de la Fama de Cooperstown, y por ese camino resultó electo él mismo en 2006.

¿Que hizo fortuna con el béisbol? Sí. Pero dignificándolo a favor de los humildes. Alex Pompez, semidesconocido en Cuba por olvidos de una prensa olvidadiza, es un retrato vivo del cubano emprendedor que no se rinde ante las circunstancias.

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