Historia

Por Rogério Manzano

PERÍODO AFICIONADO (1962-presente)

En los primeros años de la Revolución Cubana, la recién estrenada Dirección General de Deportes experimentaba fórmulas populares para desarrollar el entonces llamado Nuevo Régimen de Participación Deportiva, establecido por el Decreto Nro 51 del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros del gobierno fidelista. La idea era remozar las instalaciones existentes, edificar otras, reclutar y organizar a miles de atletas de todas las edades y hasta retirar los torniquetes de los estadios para garantizar la asistencia voluntaria.

Pero, después de prohibir el béisbol profesional, el gobierno entendió que necesitaba encontrar un torneo sustituto que ocupara el vacío que dejaba la LCBP durante la estación invernal. La inauguración de la Serie Nacional de Béisbol Aficionado (SNBA) el 14 de Enero de 1962, más que un gesto altruista, también resultó un modo de predicar el nuevo dogma. Algunos hasta pretendieron ver en estos hechos el verdadero origen del béisbol cubano y olvidaron de un plumazo ocho décadas de una epopeya, que no nacía, sino que se alargaba en una mutación temporal conforme a las nuevas circunstancias.

La coyuntura en que se efectuó este evento resultó favorable. Un año antes, en 1961, la LCBP había demostrado el linaje del pelotero cubano, cuando, frente la ausencia de los atletas norteamericanos, se organizó un exitoso certamen sólo con el material existente de San Antonio a Maisí. En la nueva metamorfosis no se varió el esquema de competencia anterior (cuatro clubes en un calendario de todos contra todos), ni tampoco los colores tradicionales (azul, rojo, verde y naranja), sólo cambiaron los nombres de los equipos y, naturalmente, el concepto de competencia “profesional” por el de “aficionada”.

No obstante, seis años después la campaña de 1967-68 señaló, quizás, la pauta más importante en esta carrera, porque otorgó absoluta representatividad territorial a la justa invernal y elevó hasta 12 la cantidad de equipos en competencia.

El 27 de Diciembre de 1974 se celebró el centenario del inicio de la práctica del juego de pelota en Cuba. Con el advenimiento de la histórica fecha se ideó una nueva estructura para la Liga invernal que complejizó mucho más el esquema de sus temporadas regulares.

El clásico nacional quedó dividió en dos fases denominadas Clasificatoria y Selectiva. La Clasificatoria se desarrolló durante los meses finales de 1974 y los primeros de 1975 con 14 novenas en una Serie de 39 juegos. Lo novedoso estuvo en la desaparición de los Industriales y los seis elencos que representaban a las provincias. Sus nombres se reservaron para la Selectiva, un campeonato elitista pactado a 54 juegos durante la primavera, con los hombres de mejores rendimientos agrupados en siete colectivos.

Empero, en 1976, el gobierno reformó la Constitución de la República e implantó una nueva división político-administrativa de catorce provincias y un municipio especial. Como consecuencia, al año siguiente, también se modificó el formato de la SNBA. Esta vez, cada naciente territorio adoptó una franquicia a modo de asignación para involucrase en el acontecimiento cardinal del mundo deportivo cubano. Con ese proyecto, la Serie Nacional recuperó un tanto el protagonismo que había perdido en 1974 al aparecer la Primera Serie Selectiva y centró sus complejidades en cómo aportar jugadores para los clubes del torneo mayor.

La importación del bate de aluminio en la temporada de 1976-77 y la adopción de la regla del bateador designado por esa misma época, fueron algunos lineamientos más que se introdujeron en el pasatiempo nacional como secuela de las disposiciones establecidas por la Asociación Internacional de Baseball (IBA) en todos sus miembros.

Al entrar la década del ochenta el campeonato de invierno cubano se notaba algo deslucido. El exceso de ofensiva que se experimentó durante ese tiempo debido a los factores antes mencionados lo justificaba. Aún así no se detuvieron las reestructuraciones. Primero se separaron los 18 equipos en dos Divisiones durante la campaña de 1983 y luego se formalizaron las Ligas Oriental y Occidental, con Playoff incluido en el 85.

Mientras, un muro de silencio se levantó en la Isla ante la noticia de la aparición de Bárbaro Garbey con los Tigres de Detroit en la temporada de 1984. En cambio, Garbey pasó a la historia del pasatiempo nacional como el primer pelotero que, formado y entrenado después de 1962, escapaba del régimen cubano y jugaba en las Ligas Mayores de Béisbol de Estados Unidos.

Fue éste un antecedente que luego alcanzó su expresión culminante el 4 de julio de 1991 cuando René Arocha, lanzador del equipo Industriales, se fugó en plena competición mientras participaba en un torneo internacional como integrante de la selección cubana. Contraria a la salida de Garbey, la huida de Arocha si consiguió una repercusión impactante en el universo beisbolero cubano, pues él se convirtió en el primer eslabón de una cadena de cientos de “desertores” que desangraron continuamente el torneo invernal cubano por toda la década del 90 hasta los días actuales.

Para la campaña de 1997-98 se perfeccionó la estructura del campeonato con la ampliación de los Playoff hasta ocho equipos. También se tomaron algunas medidas de orden interno con el interés de mejorar la calidad de vida de los beisbolistas y revitalizar el torneo ante el fenómeno de la emigración. En ese sentido también se realizó el primer encuentro oficial, después de 1962, entre un club de Grandes Ligas y una selección de estrellas de la Liga invernal cubana, al enfrentarse, en la Habana, el 28 marzo de 1999 los Orioles de Baltimore y el equipo nacional de Cuba.

Pero, preocupados ante el éxodo constante y la indetenible crisis, el Gobierno de Castro y las autoridades del régimen deportivo dieron un sorprendente paso, cuando accedieron a que Omar Linares jugara como profesional en la temporada del 2002. Linares se convirtió entonces en el primer pelotero de la era aficionada que, sin escapar de Cuba y con la anuencia de los directivos locales, lograba un contrato para servir en los Dragones de Chunichi de la Liga del Pacífico en Japón.

En cambio, la supuesta movida aperturista no trascendió más allá de la figura de Linares y el fenómeno del profesionalismo continuó como terrible tabú. Los jóvenes peloteros cubanos que intentaran probar su talento fuera de las fronteras de la Serie Nacional tendrían que hacerlo bajo incalculables consecuencias: abandonar a sus familias para siempre y ser etiqueteados con el degradante título de “traidores”.

Hasta el presente, los beisbolistas de la mayor de las Antillas reciben un modesto salario y el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) les expede una licencia deportiva para que se mantengan casi todo el año en competencias provinciales, nacionales o internacionales. A los miembros de la selección olímpica se les entrega un por ciento de su sueldo en dólares y a menudo se les otorgan ciertas prebendas materiales, como autos o casas.

Pero ni así, se ha detenido la estampida de los atletas que, en pleno siglo XXI y frente a la antesala de la nueva era que se aproxima para Cuba, abren intensos y dramáticos capítulos con escapadas al estilo de Kendrys Morales, Alexei Ramírez, Dayán Viciedo o Aroldis Chapman.

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